El aceite de palma es uno de los productos de mayor consumo en los países del Norte. Su uso masivo está teniendo consecuencias devastadoras para los países del Sur.

 

Uno de los productos que más daño está causando a ciertos países del Sur es el denominado aceite de palma. Este producto se obtiene de la palmera aceitera, pero es popularmente conocido como “grasa vegetal”. Actualmente, se utiliza para la elaboración de comidas congeladas, margarinas, bollería, helados, biocombustibles, productos de limpieza, productos de higiene personal, cosméticos o en los propios alimentos prefabricados. El aceite de palma se utiliza en uno de cada dos productos de supermercado. Su alto contenido en grasas saturadas no lo hace recomendable para la salud, pero tampoco para el ecosistema, el cambio climático, las poblaciones locales o las especies protegidas.

fruto de la palmera de aciete

Almacenado del fruto de la palmera de aceite.

Aunque su origen es vegetal, este aceite es más peligroso que las grasas animales, ya que favorece el aumento de los niveles de colesterol humano. Pero si el aceite de palma es malo para nuestra salud, también lo es para la salud del planeta. La selva tropical está desapareciendo vertiginosamente, debido a tala de los bosques para la plantación de palmeras aceiteras.

El cambio climático es otra de las graves consecuencias. Los bosques retienen el dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases de efecto invernadero que implican el calentamiento global. Con la quema de los bosques, para sustituirlos por cultivos de palma, se libera el CO2 y aumentan los niveles de contaminación del aire. Esto trae consigo numerosos daños para la salud humana.

Lo peor de todo es que desplaza a las poblaciones indígenas de su hábitat natural, que dependen exclusivamente de los bosques para sobrevivir. Éstos son su medio de vida y fuente de subsistencia. Las multinacionales violan los derechos humanos de las comunidades locales, obligándoles a desplazarse y transformando la selva en plantaciones gigantes de palma aceitera.

Este problema, también causa la acelerada pérdida de una de las especies protegidas del planeta: el orangután. Este primate, que se acerca peligrosamente a la extinción, depende totalmente de los bosques tropicales para sobrevivir. Se trata de un animal arborícola. Con el fin de implantar los cultivos aceiteros, se aniquilan a grupos enteros de orangutanes y se capturan a las crías, que posteriormente son vendidas por cazadores furtivos.

Si en algún lugar del mundo la palma aceitera no es nueva, es en África Occidental. Allí se han cultivado y consumido desde tiempos inmemorables. Esta planta se utiliza para producir aceite, vino, jabones, cremas, productos domésticos, etc. El principal problema que existe es que la producción de aceite de palma se acompaña con un discurso de crecimiento económico y empleo, por parte de las grandes empresas. Tanto es así, que los gobiernos ceden inmensas cantidades de tierras a empresas extranjeras para la producción del aceite a gran escala. Es el caso de Camerún, que desde 2001 lleva a cabo un proyecto sobre aceite de palma que multiplica la producción y da beneficios a multinacionales y el Gobierno. Sin embargo, las consecuencias ambientales y humanas están siendo brutales. La tala y quema de bosques está provocando que zonas como la reserva de la biosfera del Dja estén muriendo, haciendo que desaparezca uno de los espacios naturales más importantes del mundo. Por otro lado, las plantaciones de palmeras aceiteras están desplazando a la población indígena, como es la comunidad pigmeo baka, impidiendo que la población autóctona viva en su hábitat natural y pueda desarrollar sus actividades recolectoras, agrarias y de caza.

Sin duda alguna, el aceite de palma es un problema que afecta a las comunidades locales, nacionales e internacionales. No sólo por las consecuencias negativas que resultan de su producción, sino también por los nocivos efectos de su consumo en la salud humana y del planeta.