Los pueblos pigmeos viven en la selva del África central desde hace milenios. En las últimas décadas, sus tierras se han visto gravemente afectadas, entre otras cosas, por la tala masiva de árboles. La deforestación y la expansión de zonas protegidas han puesto en peligro el fuerte vínculo de los pueblos con la selva, su cultura y su subsistencia.

Existen diferentes pueblos pigmeos, como los Twas, los Bakas o los Mbutis. Cada uno de ellos cuenta con su propia lengua, cultura y costumbres. Edjengui, el espíritu del bosque, es una de las pocas palabras comunes a todos ellos. La selva es el hogar espiritual y físico de la comunidad, y fuente de su religión e identidad cultural. La subsistencia pigmea depende de la caza y de la recolección de productos del bosque, como la miel silvestre, y el intercambio de productos con las sociedades sedentarias de la zona. Sin embargo, las actividades recolectoras se han visto afectadas por la tala excesiva y esto ha provocado la pérdida de las tierras, niveles extremos de pobreza y el reasentamiento de los pueblos.

La mayor parte del territorio pigmeo es rico en madera y minerales. Actualmente, existe una competición muy fuerte entre empresas madereras y ecologistas para hacerse con la propiedad de la selva. Sin embargo, en esta lucha territorial, no se han tenido en cuenta los derechos y necesidades de la comunidad. En muchas ocasiones, los pueblos se ven engañados por las empresas para entregar sus derechos territoriales. Esto implica la pérdida, no sólo del terreno, sino también de su herencia cultural, sus medios de subsistencia y la seguridad alimentaria. El impacto negativo resultante es devastador para las personas, las condiciones de la biosfera y el clima.

Un camión maderero circula frente aun pueblo pigmeo en el eje Djoum-Mintom que se sitúa al margen de una recién construida carretera de asfalto. Esta carretera no ha sido construida para ofrecer unas mejores conexiones a los pueblos pigmeos, sino para que la extracción de madera se haga de forma más eficiente y rápida.

Uno de los mayores problemas de la deforestación en Camerún es que se lleva a cabo sin el consentimiento de los habitantes de la selva, los pigmeos baka. Existen empresas madereras que talan árboles en una extensión de tierra mayor de la que permite la propia legislación camerunesa. A esto hay que unir también, en muchos casos, la exportación ilegal de maderas exóticas. La principal problemática es que el propio gobierno de Camerún otorga concesiones a las empresas para que destrocen la selva y conseguir troncos que luego son transportados.

Además de la tala ilegal, estas empresas operan imponiendo condiciones de trabajo muy duras y con sueldos bajos. De esta manera, la selva tradicional está desapareciendo, condenando a las poblaciones que la habitan y dependen de ella a la ruina. También hay que sumar el interés de la industria farmacéutica por el valor medicinal de los árboles de Camerún. En definitiva, los intereses económicos de los poderosos del país están matando uno de los espacios naturales más importantes de la zona.

deforestación

Fila de camiones madereros esperando para sacar la madera de la selva para su comercialización.

A diferencia de las empresas con ánimo de lucro, los pigmeos establecen un vínculo de dependencia con los árboles de la selva. Éstos les proporcionan frutas, alimentos, aceite, miel y medicinas naturales. Incluso, los pigmeos utilizan los troncos de los árboles para camuflarse en las actividades de caza.

Pero la deforestación no es el único problema que está afectando a la vida cotidiana de los pigmeos, sino que también lo hacen las condiciones climáticas. Las comunidades reclaman que sus derechos sobre la selva sean respetados por encima de todo. Y es que el cambio climático ya está afectado a las condiciones de la tierra. Uno de los planes internacionales sobre cambio climático es el programa REDD, que tiene como objetivo ayudar a proteger los bosques y a las comunidades, haciendo partícipe a los pueblos afectados y teniendo en cuenta sus derechos territoriales.